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Rogelio Guerra fue machetero, vendedor y botones antes de ser actor

Notimex | 28/02/2018 | 23:52

Antes de ser actor, Rogelio Guerra fue machetero, botones, vendedor de vajillas con decorados a mano que él hacía y empleado bancario.

Admitió que nunca fue un buen estudiante, que cuando estaba por ingresar al bachillerato tenía que elegirlo según la carrera que podría estudiar y, por no dejar, escogió arquitectura o ingeniería electrónica.

“No recuerdo bien, pues no estaba muy seguro de lo que quería. Sé que pude haber sido un estudiante mejor, pero no, fui regular porque los deportes llamaban más mi atención”, platicó Guerra a la prensa en alguna ocasión. Recordó que le gustaba jugar basquetbol, futbol, gimnasia acrobática.

Reogelio Guerra aprendió todas las labores del campo cuando su padre compró un establo de siete hectáreas con aproximadamente 12 vacas.

“Vivíamos de lo que se sembraba en las tierras y de la leche que se ordeñaba. Aprendí a arar con yunta, a ordeñar y a sembrar”, relató en otro momento de su carrera.

Para apoyar a su madre en la parte económica, luego de que sus padres se separaron, Rogelio Guerra ingresó a trabajar en el Banco de Comercio, en la calle de Venustiano Carranza, en el Centro Histórico de la Ciudad de México.

“Pero antes estuve de machetero, en camiones de redilas, con amigos que manejaban productos y medicamentos de laboratorios. También trabajé en una empresa que se dedicaba a vender vajillas con decorados a mano que yo hacía”.

En una ocasión, caminando por la calle, vio un anuncio del hotel Hilton. Solicitaban personal y aunque pretendía trabajar en el Departamento de Contabilidad el jefe de personal le sugirió que fuera botones, pero no aceptó porque no le agradaba la idea de cargar maletas.

Sin embargo, al conocer lo que se ganaba con las propinas y que podía sacar cerca de 150 pesos al mes aceptó la propuesta. Ahí trabajó durante siete años y aprovechó su estancia para estudiar inglés.

La actuación se dio por casualidad, cuando el cantautor mexicano Óscar Chávez le pidió que lo acompañara a una casa en la colonia Roma, debido a que varios jóvenes ensayaban la obra de teatro “A ritmo de juventud”.

“Me llevó porque quería que participara por mi físico. Él y yo éramos la sensación en el banco, porque nos encantaba bailar en las fiestas. A él le gustaba cantar con su guitarra y desde entonces ya era muy parco para hacerlo, ni la cabeza levantaba, la fijaba al piso y no miraba a nadie”, relató.

El actor Enrique Lizalde era quien dirigía la obra en aquel entonces y ahí Rogelio Guerra se dio cuenta que la actuación sería su forma de vida en adelante.

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