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La memorización es sustituida por la tecnología

Agencia | 11/02/2018 | 09:37
Antes de que los aparatos electrónicos formaran parte indispensable de la vida cotidiana, las personas memorizaban todo tipo de información: las fechas de cumpleaños de sus seres queridos, infinidad de números de teléfono que incluían los de emergencia, las direcciones y cómo llegar a ellas, sin temor a preguntar entre muchos otros datos.
 
En 2018, tales hábitos no forman parte del entrenamiento de la memoria. Las redes sociales, aplicaciones como Waze o Google Maps y los propios aparatos electrónicos han resuelto tales tareas sin que los usuarios tengan la necesidad de memorizar prácticamente nada.
 
La tecnología no sólo recuerda datos importantes, sino que ofrece opciones para enviar mensajes automáticos, sin necesidad de personalizarlos.
 
¿Qué es lo que se está perdiendo en el camino? Desde el punto de vista de la sicóloga Zeydi Luz Prado Frausto la consecuencia de dejar ésta y otras tareas a un teléfono celular es el aislamiento, la falta de comunicación personal y la dependencia o adicción a tales herramientas.
 
"Un dispositivo móvil nos mantiene aislados al no tener una interacción hasta con nuestros familiares. Nos hemos vuelto codependientes, pues incluso nuestra seguridad queda a la deriva al perder u olvidar nuestro teléfono.
 
"El problema actual en las nuevas generaciones está en sus padres, quienes no estamos podiendo atención en qué estamos sustituyendo al otorgarles estos aparatos a nuestros hijos”, señaló Prado Frausto a Excélsior.
 
La experta puso como ejemplo que en los restaurantes se ve a las familias cada una con celular en mano, sustituyendo la comunicación entre ellos.
 
Lo mismo pasa con la memorización de la información. Sustituimos tal y la canalizamos de una manera no adecuada. No es lo mismo saber el nombre de una persona y sus datos a que un dispositivo nos lo marque.  Es ahí donde se vuelve la dependencia al dispositivo”, señaló.
 
Poner límites al tiempo de uso diario de tales herramientas es una de las recomendaciones de la sicóloga.
 
"La desventaja es que no tenemos un límite de horas para utilizar estos dispositivos. Años atrás se tenía una interacción con el teléfono o se veía la televisión a cierta hora. Ahora, los niños desde temprana edad tienen un iPad o tableta y desde pequeños aprenden a tenerlo a cualquier hora del día.
 
"Todo ser humano necesita estímulos para responder, pero si no los sabemos canalizar en la forma adecuada, hay un problema”, dijo.
 
El asunto también es priorizar y darle su debida importancia a la información.
 
"Hay que saber qué estamos sustituyendo, porque vienen después conflictos en la parte personal, familiar y laboral”, acotó.
 
Prado Fraustro se ha enfrentado en su consultorio a un aumento de casos de jóvenes que prefieren no hablar con sus padres y optan por expresar sus sentimientos en las redes sociales en lugar de hacerlo de viva voz.
 
"A partir de los 12 años muchos niños ya no hablan, no exteriorizan lo que sienten, porque tienen una herramienta que ha sustituido tal ejercicio desde muy temprana edad. Muchos adolescentes no hablan en las reuniones familiares, pero en su Facebook comparten mucha información.
 
"Es muy importante que los padres detecten qué información están viendo sus hijos, qué páginas visitan y cómo es su comportamiento fuera y dentro de casa”, relató.
 
La diferencia del uso que estas herramientas tienen en los colegios son las limitantes, pues los adolescentes saben que las usarán para determinada actividad. Sin embargo, fuera de la escuela, no existen tales parámetros.

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