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El papa Francisco recibió testimonio de víctima chilena de abuso sexual

Agencias | 05/02/2018 | 09:47

El papa Francisco recibió en 2015 la carta de una víctima que describía con detalle los abusos sexuales que sufrió y cómo las autoridades eclesiásticas chilenas intentaron ocultarlo, contradiciendo las recientes insistencias del papa sobre que ninguna víctima había reportado lo ocurrido, según declaró a The Associated Press el autor de la carta y miembros de la comisión sobre abusos sexuales formada por Francisco. El hecho de que Francisco recibiera la misiva de ocho páginas, a la que tuvo acceso AP, cuestiona sus insistencias de que tiene “tolerancia cero” a los abusos sexuales y los esfuerzos por taparlos. También pone en duda su declarada empatía con los sobrevivientes de abusos, en la crisis más seria de sus cinco años de papado.

El escándalo estalló el mes pasado cuando el viaje de Francisco a Sudamérica se vio empañado por las protestas por su firme defensa del obispo Juan Barros, acusado por las víctimas de encubrir los abusos del reverendo Fernando Karadima.

Durante su viaje, Francisco rechazó de plano las acusaciones contra Barros como “calumnias”, al parecer ignorando que las víctimas le habían situado en la escena en algunos de los crímenes de Karadima.

En el avión de vuelta al Vaticano, ante preguntas de los periodistas, el papa dijo: “Usted me dice con buena voluntad que existen las víctimas. Pero yo no las he visto, no se han presentado”. Sin embargo, miembros de la Comisión Pontificia para la Protección de Menores afirman que en abril de 2015 enviaron una delegación a Roma específicamente para entregar la misiva sobre Barros.

La carta de Juan Carlos Cruz describía los abusos, besos y manoseos que dice haber sufrido a manos de Karadima, unos abusos que, afirmó, Barros y otras personas presenciaron e ignoraron.

Cuatro miembros de la comisión se reunieron con el máximo asesor de Francisco en la lucha contra los abusos, el cardenal Sean O’Malley, explicaron sus objeciones al reciente nombramiento de Barros como obispo en el sur de Chile y le entregaron la carta para Francisco. “Cuando le dimos (a O’Malley) la carta para el papa, nos aseguró que se la daría al papa y hablaría de las preocupaciones”, dijo a AP la entonces miembro de la comisión Marie Collins. “Y en una fecha posterior, nos aseguró que eso se había hecho”. A Cruz, que ahora vive y trabaja en Filadelfia, le dijeron lo mismo más tarde ese año.

“El cardenal O’Malley me llamó tras la visita del papa aquí a Filadelfia y me dijo, entre otras cosas, que había dado la carta al papa, en mano”, dijo el sábado en una entrevista en su casa. Ni el Vaticano ni O’Malley respondieron a varias peticiones de comentarios.

Aunque la reunión en 2015 de la comisión papal fue publicitada en su momento, el contenido de la carta de Cruz –y una fotografía de Collins entregándola a O’Malley– no se habían revelado. Cruz proporcionó la carta y Collins aportó la fotografía tras leer un artículo de AP sobre que Francisco había afirmado que ninguna víctima de Karadima le había hablado sobre el comportamiento de Barros.

El caso de Barros comenzó a dar que oír en enero de 2015, cuando Francisco lo nombró obispo de Osorno, en Chile, pese a las objeciones de la conferencia episcopal chilena y muchos sacerdotes y legos locales. Ellos consideraban creíble el testimonio contra Karadima, un conocido sacerdote chileno a quien el Vaticano declaró culpable de abuso de menores en 2011. Barros era un protegido de Karadima, y según Cruz y otras víctimas presenció los abusos y no hizo nada.

“Santo Padre, me animé a escribirle esta carta porque estoy cansado de pelear, llorar y sufrir”, escribió Cruz. “Nuestra historia es bien conocida y no tiene sentido recordársela, basta contarle el horror de haber vivido este abuso y las ganas de suicidarme”.

Cruz y otros sobrevivientes han denunciado durante años el encubrimiento de los crímenes de Karadima, pero fueron tachados de mentirosos por la jerarquía eclesiástica chilena y el propio embajador del Vaticano en Santiago de Chile, que rechazó varias peticiones de reunirse con ellos antes y después del nombramiento de Barros.

Después de que las declaraciones de Francisco en apoyo de la Iglesia chilena causaran indignación en el país, el papa se vio obligado la semana pasada a cambiar de postura: el Vaticano anunció que enviaría a su investigador más respetado de crímenes sexuales para tomar declaración a Cruz y otras personas sobre Barros.

En la misiva al papa, Cruz implora a Francisco que le escuche y cumpla su promesa de “tolerancia cero”. “Santo Padre, una cosa es el tremendo dolor y angustia del abuso tanto sexual como psicológico al que fuimos sometidos, pero quizá hasta peor es el terrible maltrato que hemos recibido de nuestros pastores”, escribió.

Cruz describe en detalle la naturaleza homoerótica del círculo de sacerdotes y niños en torno a Karadima, un carismático predicador de cuya comunidad de El Bosque, en el acomodado barrio de Providencia en Santiago de Chile, salieron docenas de vocaciones sacerdotales y cinco obispos, incluido Barros.

En la carta describe cómo Karadima besaba a Barros y le tocaba los genitales, y hacía lo mismo con sacerdotes más jóvenes y adolescentes, y cómo los jóvenes sacerdotes y seminaristas peleaban por sentarse junto a Karadima en la mesa para recibir sus muestras de afecto.

“Más difícil y fuerte era cuando estábamos en la habitación de Karadima y Juan Barros, si no se estaba besando con Karadima, veía cuando a algunos de nosotros, los menores, éramos tocados por Karadima y nos hacía darle besos diciéndome: ‘Pon tu boca cerca de la mía y saca tu lengua’. Él sacaba la suya y nos besaba con su lengua. Juan Barros era testigo de todo esto y lo fue incontables veces, no solo conmigo sino con otros también”.

“Juan Barros ha encubierto todo lo que le cuento”, añadió.

Barros ha negado varias veces que presenciara o encubriera cualquier abuso. En declaraciones recientes a AP, indicó que nunca había sabido ni imaginado los abusos de Karadima.

Para los feligreses de Osorno que se han opuesto al nombramiento de Barros como obispo, el asunto no es tanto una cuestión legal que requiera pruebas, ya que Barros era un joven sacerdote en esa época y no estaba en una posición de autoridad sobre Karadima.

Es más, una cuestión de que si Barros no “vio” lo que ocurría a su alrededor y no le parece problemático que un sacerdote besara y tocara a niños, no debería estar al cargo de una diócesis en la que es responsable de detectar comportamiento sexual inapropiado, reportarlo a la policía y proteger a los niños de pedófilos como su mentor.

Cruz llegó a la comunidad de Karadima en 1980 como un adolescente vulnerable, afectado por la reciente muerte de su padre. Ha dicho que Karadima le dijo que sería como un padre espiritual para él, pero en lugar de eso abusó sexualmente de él.

Basándose en el testimonio de Cruz y de otros miembros de la parroquia, el Vaticano retiró en 2011 a Karadima del sacerdocio y le condenó a una vida de “penitencia y oración” por sus crímenes.

Ahora tiene 87 años y vive en una casa para sacerdotes ancianos en Santiago de Chile. No ha hecho comentarios sobre el escándalo, y la casa ha rechazado aceptar llamadas o visitas de medios noticiosos.

Las víctimas también declararon ante la fiscalía chilena, que abrió una investigación contra Karadima después de que las acusaciones se hicieran públicas en 2010. La fiscalía chilena tuvo que abandonar el caso porque había prescrito, pero el juez que dirigía el caso destacó que no se debía a la falta de pruebas.

Aunque tanto los fiscales chilenos como el Vaticano consideraron creíbles los testimonios de las víctimas, la jerarquía eclesiástica chilena claramente no les creyó, lo que podría haber influido en la opinión de Francisco. El cardenal Francisco Javier Errazuriz ha admitido que al principio no creyó a las víctimas y archivó la investigación. Se vio obligado a reabrirla cuando los sobrevivientes hicieron públicas sus acusaciones. Ahora es uno de los principales asesores del papa.

Para cuando logró que se entregara su carta en 2015, Cruz ya había enviado otras versiones del mensaje a numerosas personas y tratado durante meses de conseguir una cita con el embajador del Vaticano. El email que le envió la embajada el 15 de diciembre de 2014, un mes antes del nombramiento de Barros, era breve y directo, indicando que su petición no había sido aceptada.

Podría alegarse que Francisco no prestó atención a la carta de Cruz, ya que recibe miles de misivas al día de fieles de todo el mundo. No es posible que las lea todas, ni mucho menos que recuerde su contenido años más tarde. Podría haber estado cansado tras una semana de viaje por Sudamérica cuando dijo en una rueda de prensa en el avión que las víctimas nunca habían acusado a Barros de encubrimiento.

Pero no se trataba de una carta corriente, como tampoco lo eran las circunstancias en las que llegó al Vaticano. Francisco había nombrado a O’Malley, arzobispo de Boston, para que dirigiera su Comisión para la Protección de Menores, por su prestigio tras ayudar a limpiar la diócesis en Boston después de que el escándalo de abusos sexuales en Estados Unidos estallara allí en 2002.

La comisión reunió a expertos externos para asesorar a la Iglesia en la protección de menores de los pedófilos y educar al personal eclesiástico para evitar abusos y encubrimientos. Cuatro miembros de la comisión, que formaban parte de un subcomité dedicado a los sobrevivientes, acudieron a Roma específicamente, en un viaje pagado por la comisión, para hablar con O’Malley sobre el nombramiento de Barros y entregar la carta de Cruz.

Una nota de prensa emitida tras el encuentro del 12 de abril de 2015 indicó que “el cardenal O’Malley acordó transmitir las preocupaciones del subcomité al santo padre”.

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