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La llegada: Fervor, llanto y lluvia en la catedral

La Sanjuanita se conmovió con la llegada de los caminantes potosinos

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Lilia Quevedo | 03/02/2018 | 02:59
San Juan de los Lagos, Jal.- 192 kilómetros. Dos horas treinta y cinco minutos en coche. Se dice fácil, la distancia es relativamente corta, pero imagina recorrer todo esto a pie, conviviendo con los peligros de la carretera, sufriendo por el frío, soportando el sol, sin dinero. Imagina diez días lejos de casa. Esto no lo hace cualquiera.
 
Es el décimo día, la tan ansiada llegada está cerca, el triunfo casi se puede palpar con los dedos. El sacrificio, el sudor y las lágrimas han valido la pena. Pronto veremos a la Sanjuanita.
 
La columna de San Luis Potosí será la última en pasar, “cerraremos con broche de oro”, dicen los caminantes con ilusión.
 
El grupo camina en la periferia de San Juan. El clima es voluble, hay momentos en los que el sol quema, luego llega un grupo de nubes grises que ofrece un descanso.
 
Miles de peregrinos y creyentes de todo el país agradecen a la Virgen de San Juan de los Lagos.
 
El Retablo de los Milagros es un cuarto lleno de misticismo, la vibra es diferente, hay una carga espiritual muy especial. Un cuarto inmenso con techos altos. Paredes repletas de manifestaciones de agradecimiento. Los muros cuentan historias con fotografías, pedazos de cabello, dibujos, ultrasonidos, guitarras e incluso bicicletas.
 
Las horas pasan y la Catedral de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos está a la espera de la columna potosina.
 
Son las 3 de la tarde y los peregrinos potosinos están por entrar a San Juan de los Lagos. Su llegada no puede pasar desapercibida.
 
Una banda al frente y otra al final de la columna, amenizan la entrada triunfal de los sanjuaneros. Ingresan a la ciudad mientras suena de fondo “Yo soy de San Luis Potosí”.
 
En el corazón de San Juan las calles son altas, difíciles de caminar, pero esto no es nada, lo peor ya pasó. El Centro de la ciudad está en picada.
 
La música secular deja de sonar, es momento de entonar las alabanzas.
 
Como una marea, inundan las calles, los habitantes salen curiosos a recibir a los potosinos.
 
Mientras caminan les dan banderines azules y blancos, algunos ofrecen agua, jugo y pan.
 
Al llegar a la reja de la catedral, el cielo comienza a llorar, la Virgen se conmovió con su llegada, dicen los sanjuaneros.
 
“Bienvenida la peregrinación 126, de San Luis Potosí”, dice uno de los seminaristas mientras van entrando a la plaza principal.
 
La columna se forma, ya está lista para pasar. San Juan de los Lagos los recibe como si fueran héroes. Los mariachis comienzan a sonar y los danzantes adornan el ambiente de fiesta. Las lágrimas son inevitables.
 
Los peregrinos son envueltos en un ambiente dorado, las luces y el altar iluminan todo el lugar.
 
Al fondo se ve ella. Caminan lentamente, temerosos, conmovidos, agradecidos. Platican y lloran en su presencia. Sólo fueron 20 minutos.
 
La satisfacción es inmensa, la recompensa es grande, nuestro corazón se conmovió, fue imposible contener las lágrimas.

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