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Ludwika se sincera en teatro

Los hijos también lloran, es una obra que permite a la actriz cuestionarse sobre lo que Nicolás preguntaba de pequeño

Agencia | 01/02/2018 | 15:55
"¿Es así como me veía mi hijo cuando estaba chiquito?", se pregunta Ludwika Paleta cada que se convierte en la mamá de Andrés Zuno en la puesta en escena "Los hijos también lloran".
 
La historia gira en torno a un niño de cinco años que reconstruye a través de recuerdos la muerte de su padre, ocurrida en 1985. Son esos recuerdos, esos pedacitos de infancia armados con escenas, música y televisión los que hilan una historia que cambia dependiendo del cristal con el que se mire. Su madre se embaraza a los 20 años cambiando su vida radicalmente, sin pensar que unos años después volvería a vivir otro gran cambio con la muerte del padre de su hijo.
 
"Yo también tenía 20 años cuando fui madre —su hijo mayor, Nicolás, tiene 18 años—, también estaba perdida como puedes estarlo a los 20 porque, aunque tienes cierta madurez, no dejas de querer cosas inmediatas, superficiales, y tienes mucho menos filtros, menos contención y carácter, eres más impulsivo y una serie de cosas que años después volteas y dices ‘mira, si tan sólo hubiera sabido que para qué tanta prisa...", compartió la actriz en medio de los ensayos de la puesta en escena que se estrenará este viernes en el Teatro Milán.
 
Una vuelta a los años 80. El México en el que se ubica la puesta en escena juega un papel indispensable, un México que a Ludwika le tocó vivir muy chiquita y que a veces no entiende pero que otras, reconoce, extraña.
 
"Platicaba con mi esposo, con quien llevo casada ocho años y todavía cuando nos conocimos me mandaba cartas pero con los años el whatsApp vino a darle en la madre a las cartas, a los recaditos de amor y a los mensajitos románticos y a los detalles; ahora le mandas a alguien un emoji de feliz cumpleaños y eso fue todo".
 
Para la actriz, la obra es una especie de documental ficcionado, un recorrido por la cultura mexicana de los años 80 lleno de José Alfredo Jiménez, Pedro Infante y Yuri, donde el cine se vivía diferente porque si se estrenaba E.T., la gente iba a ver esa película sin tener otras 10 opciones y la televisión tenía un efecto distinto en la gente.
 
"No sé qué cosa llevó a la otra pero es innegable que la ficción o el arte llámese el cine y la televisión, son un reflejo de la sociedad y de lo que estamos viviendo y viceversa. Ya no sabes quién está imitando a quién, si la ficción a la realidad o la realidad a la ficción".
 
"Vivíamos en un mundo más pequeñito, en una cajita más limitada donde lo único que veíamos era eso y eso era lo que creíamos, no sabíamos ver afuera de la caja y en este caso afuera de la caja de televisión".
 
Para Andrés Zuno, creador de este montaje, la línea entre realidad y ficción es muy delgada pero asegura que las anécdotas verídicas comulgan con la ficción de una manera sutil.
 
"Es la historia de tus padres, de los míos, y de la familia mexicana. Es una obra mexicana que habla de los mexicanos, de nuestra idiosincrasia, de las relaciones familiares que se dan aquí por el machismo, por el rol que ha jugado la mujer dentro de su casa, lo que significaba para una mujer de la década de los 80 estar divorciada o viuda y hacerse cargo sola de sus hijos".
 
Si Zuno pudiera definir el montaje lo haría como una tragicomedia melodramática que rompe la ficción con muchos elementos audiovisuales.
 
"Hacemos referencia a las telenovelas y la educación sentimental que finalmente ha sido también un reflejo de quiénes somos, de cómo entendimos la vida a través de lo que se nos dijo en las canciones".
 
La obra, recalca, no sólo es un homenaje a esta época, sino una crítica. "Cuando te enteras que la vida no es color de rosa, que tiene muchos asegunes, que las mujeres no son necesariamente abnegadas o resignadas a la imposición masculina, eso es la crítica o ver el espejo donde nos vimos mucho tiempo".
 
Hamlet Rodríguez da vida al padre que muere.
 
"Hay un gran momento sin palabras en donde el padre, ya muerto, solamente está viendo la situación de la madre y el hijo, y hace un breve recuento de cómo sucedió su vida; ese momento del personaje contemplando sus errores, la belleza de su esposa y a su hijo me parece de quiebre brutal", considera.
 
Montserrat Marañón y Pablo Perroni también forman parte del montaje dirigido por Lorena Maza y Álvaro Cerviño.
 
Con información de El Universal.
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