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Así afecta a tu cuerpo el síndrome de abstinencia

Depende de la sustancia consumida, el tiempo que se lleva consumiendo y del cuerpo de cada persona.

Agencia | 06/12/2017 | 19:32
De forma general, las sustancias que nos producen adicción como las drogas (marihuana, cocaína o cualquier otra), el alcohol, la comida (azúcar y harinas principalmente) o el tabaco, son sustancias psicoactivas que actúan imitando la función de los neurotransmisores, sustancias que actúan en el cerebro transmitiendo la información de unas neuronas a otras y desencadenando la respuesta de los centro cerebrales de la recompensa, la satisfacción o el placer. Por eso en general nos hacen sentir bien y por eso hay quién las usa para superar momentos difíciles.
 
El problema es que el uso continuado de estas sustancias sustituye poco a poco la capacidad natural de los neurotransmisores de producir sensación de bienestar, por lo que cada vez hacen falta dosis mayores para lograr el mismo efecto y sentirse bien. Esto es lo que se llama tolerancia.
 
En ese momento, se hace necesario consumir la sustancia en cuestión para evitar sufrir ansiedad, temblores, sudores, mareos, alucinaciones, vómitos, problemas para dormir y otros síntomas que conforman el síndrome de abstinencia.
 
El síndrome de abstinencia depende de la sustancia consumida, el tiempo que se lleva consumiendo y del cuerpo de cada persona.
 
Alcohol
 
En bebedores moderados, el síndrome de abstinencia empieza entre 12 y 24 horas después de haber dejado de beber, y puede provocar síntomas como temblores, debilidad, escalofríos, dolor de cabeza, deshidratación y náuseas.
 
En bebedores intensos, además de los anteriores, puede aparecer entre 2 y 10 días después otro síntoma más grave, llamado delirium tremens: en principio se muestran ansiosos y desorientados, con pesadillas, sudoración excesiva y depresión profunda. Puede aparecer fiebre, taquicardias, convulsiones y alucinaciones.
 
Si la persona padece además déficit de vitaminas puede haber pérdidas de memoria y encefalopatía de Wernicke, en el que hay movimientos anormales de los ojos y las extremidades, confusión y cambios de carácter.
 
Nicotina
 
El síndrome de abstinencia del tabaco será más fuerte cuanto más tiempo lleve una persona fumando y más fume al día. Los síntomas más comunes son el deseo irrefrenable de volver a fumar, tensión, dolor de cabeza, irritabilidad, somnolencia o insomnio y un aumento del apetito y del peso.
 
Cannabis
 
La marihuana es una de las drogas más consumidas del mundo, especialmente entre adolescentes y gente joven. Sus efectos incluyen la alteración de la percepción sensorial (se pueden percibir los colores más brillantes), alteración en la percepción del tiempo, cambios en el estado de ánimo, debilitamiento de la memoria y, si se consume en grandes dosis, alucinaciones, delirios y psicosis.
 
A largo plazo, interrumpir el consumo de marihuana puede producir síntomas como irritabilidad, ansiedad, somnolencia, pérdida del apetito y deseo irrefrenable de volver a consumirla.
 
Narcóticos
 
La morfina, el opio, la heroína, la codeína o la oxicodona son algunas de las sustancias que entran en este grupo y que actúan deprimiendo el sistema nervioso (igual que hace el alcohol). En dosis pequeñas generan euforia, pero cuando son altas relajan la actividad del cerebro, produciendo aturdimiento y letargo.
 
Los primeros síntomas de la abstinencia son la respiración agitada, lagrimeo, flujo nasal y sudoración. Luego aparece la hiperactividad, un sentido de alerta exagerado, aceleración del ritmo cardíaco, piel de gallina y fiebre. También pueden dilatarse las pupilas, producirse temblores, escalofríos, dolor muscular, dolor abdominal y diarrea.
 
Ansiolíticos
 
Los barbitúricos o las benzodiacepinas forman parte de este grupo de sustancias que se prescriben con receta médica para controlar la ansiedad o poder dormir, pero que si se toman en dosis altas o en grandes cantidades pueden generar una fuerte adicción.
 
La abstinencia desencadena una reacción grave y potencialmente mortal, similar al delirium tremens del alcohol, cuyos principales síntomas son debilidad, malestar general, depresión, temblores, deshidratación, delirios, alucinaciones e insomnio.
 
Anfetaminas
 
Las anfetaminas tienen un uso bajo control médico como medicamento para adelgazar, y otro descontrolado como sustancia que ayuda a mantenerse despierto durante más horas de lo normal, ya sea para trabajar, para estudiar o con fines lúdicos. La metanfetamina, el MDMA o el éxtasis entran en el mismo grupo y también han alcanzado una amplia difusión como sustancias ilegales.
 
Al interrumpirse el consumo se produce un cansancio y somnolencia extremas, aunque algunas personas también se vuelven extremadamente ansiosas. Puede incrementarse la sensación de depresión si esta ya existían anteriormente, hasta el punto de aparecer tendencias suicidas.
 
Cocaína
 
La cocaína es otro estimulante del sistema nervioso muy potente. La tolerancia se desarrolla rápidamente, lo que produce enganche y necesidad de ir aumentando la dosis.
 
Los síntomas de la abstinencia incluyen un cansancio extremo, depresión e ideas suicidas y alucinaciones.
 
Cuándo es el momento de buscar ayuda
 
Aun cuando una persona que consume drogas habitualmente ha tomado la decisión de querer dejarlo, muchas veces con eso no es suficiente. La adicción es una enfermedad con síntomas físicos, y como con cualquier otra enfermedad, puede ser necesaria la intervención de un médico que prescriba un tratamiento pautado para curarse.
 
Cómo se trata el síndrome de abstinencia
 
El tratamiento que reciba cada paciente dependerá de cada caso concreto, pero normalmente está compuesto de tres pilares.
 
1. La perspectiva médica. La utilización de medicamentos puede ayudar a paliar los efectos físicos del síndrome de abstinencia como los mareos, la ansiedad, los vómitos, la fiebre o el insomnio. En algunos casos, el síndrome de abstinencia conlleva fuertes depresiones e incluso tendencias suicidas, por lo que puede ser necesaria la hospitalización del paciente.
 
2. La perspectiva psicológica. Para evitar una recaída, no hace falta solo controlar los síntomas físicos, sino también un trabajo terapéutico que ayude al paciente a entender por qué empezó a consumir, qué sentimientos asocia con la droga en cuestión y qué situaciones podrían llevarle a volver a consumir de nuevo, de forma que desarrolle estrategias para evitarlo.
 
3. La perspectiva social y familiar. Existen dos aspectos dentro de esta perspectiva. Por un lado, la de lograr el apoyo familiar y del entorno ante una enfermedad, la adicción, que conlleva un gran estigma. Por otro, el de evitar entornos y ambientes donde se favorezca o justifique el consumo de la sustancia problemática. Esto es especialmente importante en el caso de drogas socialmente aceptadas, como el alcohol o el tabaco.

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