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¿Por qué respirar hondo calma el estrés?

Cambios en la respiración, como por ejemplo respirar a otro ritmo o hacerlo prestando una atención cuidadosa a cada inspiración activan distintas partes de nuestro cerebro.

Agencia | 21/11/2017 | 17:48
La respiración se ha considerado siempre como un proceso automático regulado por la parte del cerebro que maneja las funciones vitales, tales como el ritmo cardíaco o los patrones de sueño. Pero una nueva investigación, que incluye la observación directa del cerebro durante neurocirugías, ha demostrado que la respiración tiene la capacidad de modificar el cerebro.
 
Dicho de otra forma: cambios en la respiración, como por ejemplo respirar a otro ritmo o hacerlo prestando una atención cuidadosa a cada inspiración activan distintas partes de nuestro cerebro.
 
La habilidad de los humanos para controlar sus funciones cerebrales es única, por ejemplo al manejar sus emociones, suprimir pensamientos o mantenerse despiertos a pesar de estar cansadas. Estas habilidades no son triviales, y no muchos otros animales las poseen.
 
Con la respiración ocurre algo parecido: los animales no pueden alterar sus velocidad respiratoria a voluntad; y su respiración normalmente solo cambian como respuesta a su actividad: después de correr, cuando duermen, etc.
 
Así que los científicos llevan décadas preguntándose por qué los humanos sí pueden hacerlo, y si eso supone alguna ventaja en el control de nuestro cerebro. Teniendo en cuenta que distintas terapias cognitivas y del comportamiento, así como de tratamiento de traumas, hacen hincapié en la concentración y el control de la respiración, ¿tiene eso algún efecto en las funciones y el comportamiento del cerebro?
 
El estudio comenzó observando la actividad cerebral cuando los pacientes respiraban de forma normal. Después, se les dio una tarea simple para distraerles: apretar un botón cada vez que aparecía un círculo en una pantalla. Así pudieron observar qué ocurría cuando la gente respira con normalidad sin prestar atención a su respiración.
 
Después se les pidió que aumentasen la velocidad de respiración y fuesen contando las inspiraciones. Al aumentar el ritmo de respiración con distintos ejercicios, también cambió el cerebro: se activaron distintas partes, solapándose la zona que interviene en la respiración intencionada y en la respiración automática, en una reacción jerárquica de la primera sobre la segunda.
 
Las conclusiones suponen un apoyo al consejo que se nos ha dado toda la vida: que en momentos de estrés, o cuando hace falta una concentración especial, concentrarse en la respiración o hacer ejercicios respiratorios puede efectivamente provocar cambios en el cerebro que ayuden a manejar ese estrés.
 
Esto tiene potencial para ser aplicado sobre individuos que, por su profesión, requieren altos niveles de concentración y agilidad mental. Los atletas, por ejemplo, utilizan la respiración para mejorar su rendimiento. Ahora esta investigación es un respaldo científico a esa práctica.

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