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Factores que debemos vigilar para prevenir o diagnosticar la diabetes

La OMS califica a la diabetes como una pandemia global que afecta ya a más de 400 millones de personas en todo el mundo

Agencia | 14/11/2017 | 18:12
Como una "pandemia global" que afecta ya a más de 400 millones de personas en todo el mundo: así califica la Organización Mundial de la Salud (OMS) la diabetes en sus diversas variantes, que padece el 14% de los españoles. Aún más preocupante: casi la mitad no lo sabe. 
 
El tipo más común, del que según la OMS se podrían prevenir el 70% de los casos, es la diabetes mellitus tipo 2. El 29,8% de las mujeres entre 61 y 74 años padece esta enfermedad, una cifra que a partir de esa edad se eleva al 41,3%. Por eso, este año la campaña del Día Mundia de la Diabetes está dedicada a concienciar a las mujeres para quienes supone la novena causa de muerte. 
 
Diego Fernández, endocrino y responsable del grupo 2.0 de la SED, detalla los siete factores que debemos tener vigilados para prevenir o al menos diagnosticar a tiempo esta enfermedad, sobre todo si hay casos en la familia, si se tiene sobrepeso, apenas se realiza ejercicio y no se sigue una alimentación adecuada.
 
1. Más ganas de orinar 
 
El término científico es poliuria y se trata de uno de los síntomas más característicos de la diabetes. "Cuando la sangre contiene una alta concentración de azúcar, el cuerpo busca los medios para eliminar ese exceso", explica el doctor Fernández. "Intenta paliarlo haciendo uso de los riñones, lo que provoca que orinemos más cantidad y de manera más frecuente". Este síntoma es especialmente visible durante la noche (nicturia) y puede incluso afectar a nuestra capacidad para descansar. Si usted cree que va al baño más de lo habitual considere acudir al médico para consultar a qué puede deberse.
 
2. Mayor sensación de sed 
 
Para compensar la pérdida de líquidos por el exceso de orina, el cuerpo pone en marcha la alerta de la sed. "Es el efecto de nuestro metabolismo intentando corregir el primer desajuste", recuerda el doctor. Se trata de un círculo basado en nuestra propia fisiología: nuestro metabolismo trata el azúcar mediante su dilución con agua, por lo que cuanto más azúcar tengamos en sangre, más agua necesitaremos y, como es obvio, más frecuentemente acudiremos al baño a eliminarla. 
 
Tratar esa sed con bebidas azucaradas, carbonatadas, batidos o incluso con zumos embotellados es desaconsejable y no hará sino añadir glucosa a nuestro torrente sanguíneo, iniciando nuevamente todo el proceso.
 
3. Pérdida de peso 
 
Resulta irónico que una afección como la diabetes, asociada a una inadecuada alimentación y a la obesidad, tenga como uno de sus síntomas la pérdida de peso. Sin embargo, según explica el doctor Fernández, "cuando se tiene el azúcar muy alto, la insulina —que trabaja consumiendo energía— resulta insuficiente o no funciona como debería y esa situación obliga al cuerpo a buscar las reservas de grasa para obtener la energía que necesita". La insulina es una hormona generada en el páncreas y cuya misión fundamental es aprovechar los nutrientes que el cuerpo necesita, especialmente se encarga de la biosíntesis de la glucosa, es decir de convertir las moléculas del azúcar en partículas más grandes necesarias para el organismo, un proceso para el que es necesario consumir energía. 
Esta pérdida de peso es un síntoma característico de la diabetes en la infancia.
 
4. Cansancio todo el día 
 
La sensación de falta energética es un signo muy común en todos los tipos de diabetes, especialmente en el tipo 2. En este síntoma entran en juego varios factores que hacen que, a pesar de hacer poco ejercicio físico, se sienta cansado y escaso de fuerzas. En primer lugar, y conectado con los primeros puntos, el cuerpo está constantemente deshidratado. Gestionar el exceso de azúcar requiere gran cantidad de agua y energía, que el metabolismo desvía para realizar esas funciones internas, dejando menos para otras tareas diarias. Además el exceso de azúcar está consiguiendo que sus células estén peor alimentadas. Puede sonar paradójico si tenemos en cuenta que la glucosa es la principal fuente de energía de las células, pero "hay que recordar que la responsable de administrar esa entrada de energía es precisamente la insulina", indica el doctor Fernández. Cuando el nivel de azúcar es excesivo, la insulina no gestiona adecuadamente el combustible interno que necesita nuestro organismo y aparece el cansancio injustificado.
 
5. Heridas que cicatrizan más lentamente 
 
"La diabetes es fundamentalmente una enfermedad cardiovascular", indica el especialista. "Por tanto sus problemas más serios están relacionados con la vascularización, ya sea en los grandes vasos —por eso existe más riesgo de infartos e ictus cerebrales cuando se padece esta dolencia— o en los vasos más pequeños, que son los que se ocupan de cicatrizar pequeños cortes y heridas". Además, añade el doctor, "esto también incide en un mayor peligro de contaminación e infección".
 
6. Hormigueo y picores en las extremidades 
 
Los hormigueos y picores en las extremidades "no se deben al azúcar en sí mismo, sino a las complicaciones en la vascularización", aclara Fernández. Se conocen como neuropatías y son muy características de la diabetes, sobre todo a medida que la enfermedad avanza. Es más, se sabe que un alto porcentaje de diabéticos desarrollará problemas en el sistema nervioso a lo largo de su vida. 
 
En las primeras etapas de la enfermedad, unos niveles excesivos de azúcar en sangre pueden producir daños leves en los nervios periféricos, lo que se traduce en picor, escozor, hormigueo o entumecimiento de las extremidades. Si usted los sufre a menudo, quizá es momento de consultar con su médico para hallar la causa.
 
7. Visión borrosa 
 
Para tranquilizar al lector diremos que en las primeras etapas no se trata de la grave retinopatía diabética que puede conducirnos a la ceguera. "En los primeros estadíos, se tratará solo de momentos de visión borrosa, como si necesitásemos gafas", aclara el doctor. "Cuando los niveles altos de azúcar en sangre son elevados, esto afecta inevitablemente también al sistema visual y sus conexiones". El exceso de azúcar puede además causar la inflamación del cristalino —explica— una estructura que funciona como una lente y que, al cambiar de forma, puede alterar nuestra capacidad de enfocar los objetos y por tanto hacer que veamos borroso.

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