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La Catrina: de la denuncia social a la explotación comercial

as publicaciones utilizaban las caricaturas y los esqueletos como el medio ideal para criticar la situación del país, a las clases privilegiadas y al gobierno en turno

Agencia | 02/11/2017 | 08:39
La Catrina es una de las representaciones de la muerte más conocida en nuestro país, y durante las celebraciones de Día de Muertos cobra más relevancia, en especial porque se ha convertido en uno de los ‘disfraces’ más utilizados.
 
A pesar de su explotación comercial, la figura de La Catrina tiene su origen en la denuncia social y la crítica durante el siglo XIX y los primeros años del siglo XX en México, especialmente en los gobiernos de Benito Juárez, Sebastián Lerdo de Tejada y Porfirio Díaz.
 
Durante este periodo histórico, las publicaciones utilizaban las caricaturas y los esqueletos como el medio ideal para criticar la situación del país, a las clases privilegiadas y al gobierno en turno; estas críticas provenían casi siempre de las clases medias, por lo que lo actores representados pertenecían a la élite política.
 
El grabado de José Guadalupe Posada originalmente fue llamado como ‘La Calavera Garbancera’, que hacía referencia a los ‘garbanceros’, que eran aquellas personas que buscaban aparentar ser europeos, renegando sus raíces y cultura, algo muy popular durante el Porfiriato.
 
En la versión original, solo aparece el rostro esquelético de la Calavera y con un sombrero enorme de flores, señalando así a todos aquellos que pretendían ser algo que no eran, y evidenciar la terrible desigualdad que se vivía en el país.
 
Diego Rivera sería el encargado de darle el nombre de ‘La Catrina’ y vestirla con un vestido extravagante, estola de plumas y el sombrero enorme en el mural ‘Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central’, con lo que tomaría la representación pictórica que permanece hasta nuestros días.
 
La Calavera Garbancera se convirtió en una de las figuras de crítica social más importantes de Posada, ya que, además de señalar la injusticia social y el rechazo a las raíces indígenas, mostraba una de sus frases más famosas: “La muerte, es democrática, ya que, a fin de cuentas, güera, morena, rica o pobre, toda la gente acaba siendo calavera”.

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