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Las luces de las ciudades están matando a miles de aves

Cualquier luz resplandeciente o conjunto de luces artificiales puede interferir en la migración durante la noche, la infraestructura del alumbrado público, también en las áreas rurales, puede ser responsable.

Agencia | 25/10/2017 | 10:55

En esta época del año, si usted camina al amanecer por cualquier metrópolis, hallará, con casi total probabilidad, un cementerio lúgubre y plumoso en las calles: se trata de aves migratorias que, habiéndose estrellado contra las ventanas, yacen aturdidas o muertas al pie de los edificios, prestas a ser barridas por los administradores de cada propiedad o zarandeadas por depredadores conforme sale el sol.

Las colisiones con edificios u otras estructuras creadas por humanos son quizás la causa principal de muerte de las aves en Norte América. Muchas especies migran en horarios nocturnos y quedan peligrosamente enceguecidas con la iluminación artificial, por razones que aún el hombre no ha logrado comprender del todo. Las luces sobre rascacielos, aeropuertos, y estadios atraen a los pájaros a las áreas urbanas, donde, como armas arrojadizas, se impactan contra las paredes, las ventanas, unas contra las otras, o mueren, simplemente, de extenuación.

En cambio, ahora disponemos de un completo y fascinante caso de estudio para analizar este problema, gracias a un grupo de investigadores que decidió explorar algunas de las más famosas luces artificiales de Estados Unidos: las columnas de luz encendidas en tributo a las víctimas de los ataques del 11 de septiembre en el lugar de Nueva York donde se erguían las Torres Gemelas. Valiéndose de un radar, binoculares y monitoreo acústico, los observadores rastrearon un espeso frenesí de aves perdidas merodeando en torno a estas luces.

En más de siete tributos nocturnos por el 11 de septiembre en los años recientes, estas columnas interrumpieron los patrones de vuelo de más de un millón de aves, provocándoles incesantes giros y un gorjeo fatigante, según los estudiosos de la Universidad de Oxford, el Laboratorio Cornell de Ornitología, y la organización sin fines de lucro New York City Audubon. Cerca de 16,000 pájaros circularon en torno a ellas durante una noche en 2015. Y cuando las luces se apagaron, el número bajó hasta rondar los 500.

Pero, ¿qué pasa por la cabeza de estas aves que las lleva a reaccionar de esta forma? Muchos ornitólogos suponen que ello está relacionado con el modo en que migran estas criaturas. Durante los extensos viajes que realizan, ya en primavera u otoño, un enorme número de especies definen sus trayectorias en función de la posición del poniente, la luna y las estrellas. Por lo que las luces urbanas, resplandeciendo artificialmente, no hacen más que producir cortocircuitos en este sistema.

“La luz es un estímulo poderoso. Nótese cuán poderoso puede ser atrayendo polillas o personas si se está en un lugar oscuro o un sitio donde impacta la luminosidad instalada alto en el cielo por sobre el océano de luz artificial que hay debajo en una ciudad”, sostiene Andrew Farnsworth, investigador en Cornell y co-autor del estudio. “Piense igualmente en lo que pasa cuando uno se acerca mucho a una luz tan intensa: puede desorientarnos a la hora de buscar percibir mucho más allá de su brillo. Parece entonces plausible, sin atribuir rasgos humanos a las aves ni mucho menos, que puede haber experiencias similares que seducen y desorientan luego a los pájaros”.

Las aves, a su vez, cuentan con 'moléculas mediadas por la luz' en sus globos oculares que las ayudan a detectar el campo magnético de la tierra y viajar en consecuencia, algo que la luz podría perturbar, agrega Farnsworth. “Las aves tardan en mirar, o ya que no pueden ver más allá, vuelan en círculos tratando de conseguir información sobre a dónde van, y comienzan a detenerse probablemente como resultado de esta desorientación, buscando ubicar otros tipos de aves parecidas o iguales a ellas”.

Los observadores comprobaron interrupciones de vuelos de hasta 2.5 millas, a raíz de las vigas resplandecientes del 9/11, particularmente en especies de parúlidas como la candelita norteña, la parula norteña, la reinita hornera y la mascarita común, así como la oropéndola de Baltimore y el cuclillo piquigüaldo. Pues bien, ¿Cómo pueden los humanos apartar a las aves de este peligroso magnetismo que ejercen las vigas del One World Trade Center, donde se estima que unas 90,000l mueren cada año a resultas de colisiones con edificios?

Algunos planes ya están en marcha: varios años atrás, los organizadores del homenaje comenzaron a cerrar la instalación por 20 minutos si notaban un millar o más de aves circulando y en peligro. Esa acción contribuye “a evitar la muerte a un sinnúmero de aves en el Sur de Manhattan”, indica Farnsworth, y muestra que “pese a la emotiva y cargada energía del homenaje, a los organizadores también les importan los pájaros”.

“Cualquier luz resplandeciente o conjunto de luces artificiales puede interferir en la migración durante la noche”, insiste Farnsworth. La infraestructura del alumbrado público, también en las áreas rurales, puede ser responsable igualmente. Nueva York, por su parte, es una de las muchas ciudades norteamericanas, junto a Chicago, San Francisco y Toronto, que implementa algún tipo de 'política de apagado', la cual busca atenuar la iluminación en aquellas épocas migratorias. Ejemplos de ello son el Edificio Chrysler y en el Centro Rockefeller.

Aun así, más de un amante de las aves diría que es mucho lo que falta por hacer tanto en Nueva York como en otras ciudades. Digamos, apagar otras imponentes edificaciones en la noche y diseñar luces artificiales que apunten hacia abajo y no hacia el cielo. “La mejor solución es, absolutamente, apagar las luces donde y cuando sea posible, -en un sentido amplio- entonces no causaremos más muertes; ¿y qué mejor que eso?”.

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