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Ataques de pánico nocturnos

Desde un punto de vista clínico, es muy común que aparezca en pacientes que también experimentan crisis de pánico en las horas diurnas.

Agencia | 24/10/2017 | 11:04

El ataque de pánico nocturno aparece de improviso en mitad del sueño, cursa con sensación de ahogo, taquicardias y sudoración.

Desde un punto de vista clínico, es muy común que aparezca en pacientes que también experimentan crisis de pánico en las horas diurnas.

Sin embargo, se sabe que los ataques experimentados durante las horas nocturnas se viven con mayor intensidad y sufrimiento.

Asimismo, es importante señalar un aspecto curioso. El 10% de las personas que sufren ansiedad, y que por su estilo de vida están bajo presión y con un alto nivel de estrés, también pueden llegar a sufrir algún que otro ataque de pánico nocturno.

Por otro lado, también existen otros núcleos de la población que, por factores personales y condiciones médicas, también son sensibles de padecer este tipo de situaciones.

Ataque de pánico nocturno: ¿quiénes pueden sufrirlo?
No se suele hablar demasiado de los ataques de pánico nocturnos. Tanto es así que a muchas personas les toma por sorpresa este dato.

Cuando se hace referencia a los ataques de pánico es común imaginar a una persona presa del miedo, de la parálisis y las taquicardias en cualquier escenario diurno donde, de pronto, la mente asume que hay un peligro o un foco de angustia.

De noche, y en un escenario seguro como es la cama, resulta difícil imaginar por qué tendríamos que sufrir este tipo de situaciones, y sin embargo, es más común de lo que podamos pensar.

Veamos ahora qué personas son más susceptibles de sufrir ataques de pánico nocturnos:

Pacientes que ya sufren de por sí ataques de pánico en cualquier momento del día
Personas que están inmersas en situaciones de gran presión psicológica y emocional
Pacientes con hipertiroidismo o hipotiroidismo
Personas que sufren apnea
El reflujo gastroesofágico también puede ocasionarlo
Personas que acaban de vivir un evento traumático: pérdida de un ser querido, haber superado un accidente o haber sido testigo de uno…

¿Qué síntomas presenta un ataque de pánico nocturno?
Los ataques de pánico nocturno suele aparecer en la fase no-REM del sueño, es decir, cuando nos encontramos más tranquilos, y curiosamente, más relajados (es más común que aparezca sobre las 2 de la madrugada).

El despertar es súbito y violento, como si alguien activara un mecanismo que, de pronto, “nos arrancara” de nuestro descanso.
El despertar se acompaña con una sensación de miedo intenso, de pánico o fatalidad.
Se acompaña de ahogo, taquicardias y sudoración.
La persona suele tener la percepción de que esa situación ha durado mucho tiempo. Sin embargo, suele ser algo muy limitado y breve que nunca excede de los 15 o 20 minutos.

Asimismo, es importante señalar que estas experiencias se viven con mayor desconcierto que los ataques de pánico diurnos.

Surgen de la “nada”, en medio del descanso y de ese mundo inconsciente y relajado donde lo que menos se espera es que surja un ataque de pánico.

La falta de control es, por tanto, inmensa, y ese desconcierto tiende a intensificar aún más el miedo y la incomodidad, con lo cual, el nivel de ansiedad se eleva aún más.

¿Qué podemos hacer para afrontar y reducir los ataques de pánico nocturnos?
Tal y como hemos señalado con anterioridad, los ataques de pánico nocturnos se deben a varias causas. No obstante, podemos diferenciar dos grandes áreas: las médicas y las psicológicas.

Ataques de pánico por razones médicas
Factores como problemas con las tiroides, la apnea o el reflujo pueden derivar en estos despertares nocturnos tan violentos y desgastantes.

Por lo tanto, es conveniente que apliquemos las siguientes estrategias:

Indicar a nuestro médico lo que nos está ocurriendo.
Seguir el tratamiento propio para nuestra enfermedad: problemas con tiroides, reflujo gastroesofágico…
Seguir las indicaciones médicas para obtener un mejor descanso nocturno.
Averiguar si la medicación que tomamos puede afectar a la calidad de nuestro sueño.
Intentaremos llevar una vida activa, el ejercicio físico es buen regulador de estos ataques de ansiedad.
Tras un ataque de pánico nocturno, es recomendable levantarnos y hacer alguna tarea rutinaria no estimulante: ordenar algo, cepillarnos los dientes o el cabello…
No es acertado ir a ver la tele o darnos un baño, puesto que en ese caso no podremos conciliar el sueño.

Ataques de pánico por razones emocionales o psicológicas

Averiguar cuál es el origen de nuestros problemas emocionales o el detonante de esa ansiedad.
Gestionar ese mundo emocional con ayuda de un profesional o mediante adecuadas técnicas personales de afrontamiento.
Antes de dormir practicaremos alguna técnica de respiración y relajación.
El mindfulness es muy adecuado para gestionar estas situaciones.
El yoga también nos servirá de ayuda.
La natación, el baile o las caminatas por entornos naturales son actividades relajantes y adecuadas en este tipo de trastornos.

Para concluir, no dudemos nunca de poner en conocimiento de nuestros médicos cualquier tipo de desorden del sueño.

Los trastornos de pánico nocturnos tienen siempre un origen biológico o psicológico que es necesario conocer.

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