La noticia antes que nadie

Un antes y un después en el periodismo potosino

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Leopoldo Pacheco | 11/10/2017 | 01:23
DEBO CONFESAR QUE HOY ME cuestan trabajo las líneas que escribo, pero más que trabajo también me cuestan tristeza, decepción y ¡por qué no! hasta impotencia.
 
“Ya ningún tema es tabú en la República Bananera que le sirve como teatro de operaciones: el sagrado ejército y la belicosa iglesia; la censura en la radio, televisión y prensa; los negocios de narcotráfico de un emperador bananero y los asesinatos que ordenó contra sus posibles denunciantes”.
Manú Dornbierer. LOS PERIODISTAS MUEREN DE NOCHE.
 
Y DESDE LA BANQUETA, EL LUGAR por excelencia donde transcurre el trabajo del reportero, del verdadero reportero; ante la muerte de Edgar Daniel Esqueda Castro. Muy joven y entusiasta. Fotoperiodista y paramédico. Padre y esposo, hijo y hermano. Un pedazo de nosotros se fue con él y hasta, de manera involuntaria si quiere pensarse así, pues a pesar de que muchos no tuvieron nunca la ocasión de platicar con él, el nivel de identificación íntima no deja lugar a dudas en un: “todos somos Daniel”, así versan muchos aunque no todos en las redes sociales. Y aunado a ello, la estupefacción generalizada por las circunstancias en las que le fue arrebatada la vida, y la extraordinaria solidaridad expresada por los medios de comunicación nacionales e internacionales que sin dudarlo, retomaron como propia la cobertura, que al final del día resulta en una demanda de legítima justicia para Daniel y su familia… ¿pero sabe qué? También para nosotros.
 
MÁS ALLÁ DE RETOMAR nuevamente lo que ha ocurrido hasta el momento, hoy amigo lector, dejaré la memoria ociosa a un lado para mejor plantear escenarios de que lo que puede pasar en los siguientes tiempos de nuestra entidad, en aras de entender que San Luis Potosí no es una isla, y que la opinión pública estará al pendiente de todo lo que se haga en materia de protección, seguridad y derechos humanos, no solo de los periodistas, sino de todos sus ciudadanos.
 
EN REPETIDAS OCASIONES, TRAS los hechos ocurridos, muchos de aquellos que nos dedicamos a la cobertura de información del día a día, coinciden en un antes y un después, que fíjese usted, no necesariamente está relacionado como un parteaguas, aunque sí tal vez como una “gota que derrama el vaso”. Desde hace tiempo ya no es lo mismo hacer trabajo periodístico de nota roja, por ejemplo. Incluso bajo las condiciones que dicta la nueva ley de justicia penal. Ya ni siquiera es posible acceder a expedientes, cruzar cadenas de custodia, fotografiar a los presuntos, describir nombres, y en algunos casos incluso hasta crear historias de algún “hecho aislado” y hasta simples accidentes que se convertían en verdaderas novelas en las páginas de “sucesos” que se imprimían en cada rotativa. Hoy el reporteo de este tipo de información se realiza en la mayoría de los casos desde las oficinas de redacción, una vez que llega el parte oficial de las corporaciones y de la autoridad competente. Y también se supone exponencialmente menos riesgoso ante la amenaza latente de aquellos intereses fácticos o no, que como usted ya vio, matan y destruyen. Ya no es lo mismo.
 
YA NO ES LO MISMO Y DEBE SER ahora distinto para mejorar también las condiciones en las que los reporteros estamos trabajando, y debe ser una responsabilidad compartida, y no solamente exclusiva de la autoridad y mucho menos de las corporaciones policiacas, que hay que reconocer que no nos quieren. Ni tienen por qué. Pero más allá no buscamos cariño, buscamos respeto y la ineludible capacidad de que las administraciones públicas tengan la conciencia plena de que el trabajo periodístico y de informar, no es una dádiva, no es un “les damos chance”. Es una obligación prioritaria en la cual debemos ser responsables todos. Los gobiernos en garantizar esa libertad de expresión tan “sobada” como un concepto político, para que sea una actividad plena de su ejercicio, en todas las instancias y en todos los niveles, con ausencia de discursos, sino más bien con presencia de actividades relacionadas con la prevención, la protección; el conocimiento y respeto pleno de los derechos humanos. El reportero, periodista e informador, plenamente consciente de los riesgos de su actividad, a fin también de generar el autocuidado, que también las empresas periodísticas tienen la obligación de trasmitir a sus reporteros y colaboradores.
 
EL GOBERNADOR DEL ESTADO JUAN Manuel Carreras, al tiempo que escribo estas líneas, está demostrando tener un ingrediente importantísimo para que esto pueda avanzar y se llama voluntad política. Se ha estado reuniendo directamente con los familiares del compañero Daniel, quien dejó en la orfandad a una bebé de un año y medio y eso debe reconocerse, pues nos consta que los atendió de inmediato. Hoy está trabajando sin la presencia de ningún otro funcionario más, directamente con nosotros, una serie de propuestas canalizadas a mejorar dos cosas que deben quedar muy claras y que son: Justicia y Seguridad para el gremio periodístico de San Luis Potosí. No son dádivas ni prestaciones y mucho menos un interés político o lucrativo para nadie.
HASTA LA PROXIMA.

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