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¿Los medicamentos se caducan?

Una cosa es que el medicamento caducado continúe siendo más o menos eficaz, y otra que pueda volverse tóxico.

Agencia | 26/09/2017 | 12:23

Seguramente nunca nos hemos dado cuenta, pero todos los medicamentos, desde el más humilde analgésico al antibiótico más potente, incluyen al final de su prospecto una advertencia: "No utilizar después de la fecha de caducidad que aparece en el envase". Es un mensaje claro que viene a insistir en que esa fecha troquelada en la caja y en los blíster no es un mero capricho; con ella, el laboratorio marca un antes y un después en la utilización del fármaco.

Ahora bien, ¿es verdaderamente peligroso tomar un medicamento caducado? ¿Qué puede sucedernos si ignoramos la advertencia? ¿Los tomamos o no? Para ayudarnos a decidir, miremos primero qué nos quiere decir el laboratorio al fijar una fecha de caducidad de un lote determinado. Nos está dando una garantía de actividad y eficacia: la garantía de que, al menos hasta esa fecha, el medicamento estará en óptimas condiciones de uso explica el doctor Emilio Vargas,  jefe del Servicio de Farmacología Clínica del Hospital Clínico San Carlos. No nos está indicando que hay una fecha tope a partir de la cual no se pueda usar un fármaco, sino que, a partir de ese momento, el laboratorio ya no garantiza que sea igual de efectivo.

¿Podría continuar siendo eficaz unos meses después? "Posiblemente sí continúa el experto, pero el asunto es que, cuando respetas la fecha de caducidad, tienes la certeza de que no se ha perdido la actividad del medicamento y no han aparecido sustancias potencialmente tóxicas. Algo muy infrecuente, pero que no deja de ser posible". Es decir, que no se trata tan solo de si el fármaco sigue o no siendo eficaz, sino de si el paso del tiempo más aún si no se conserva en las condiciones idóneas puede propiciar que se vuelva tóxico.

No más de seis meses

Con respecto a su eficacia, el dr. Juan Gibert, catedrático de Farmacología de la Universidad de Cádiz, apunta cautelosamente que "en términos generales, es posible que no pase nada por tomar un medicamento caducado dos meses atrás". ¿Y seis meses? "Ya estamos en una línea potencialmente peligrosa. Un paracetamol, una aspirina, son fármacos que continúan siendo eficaces incluso tres años después". ¿Y un antibiótico? "Ay, no me atrevo a decirlo...," concluye este experto.

En su opinión, tal vez nos podamos relajar con un analgésico de uso corriente, un antidiarreico, un jarabe para la tos... Un consejo popular que circula en la comunidad sanitaria es el de que si tu vida depende de un fármaco, corre a la farmacia y no uses uno caducado; si tu vida no depende de ello, puedes tomarlo y a ver qué pasa. Y lo más probable, repetimos, sea que no pase nada. En este sentido, merece la pena recordar un estudio publicado en 2012 en la revista JAMA Internal Medicine, en el que un equipo de investigadores de la Universidad de California analizó distintos fármacos que habían caducado entre 28 y 40 años atrás.

Los científicos, liderados por el farmacólogo Lee Cantrell, decidieron comprobar si habían perdido su eficacia. Tras analizarlos, vieron que la gran mayoría de ellos conservaba aún al menos el 90% de sus principios activos. Cantrell es un destacado defensor de que los laboratorios amplíen la fecha de caducidad de sus productos, especialmente en un mundo en el que los medicamentos no están al alcance de todos. Pero, para ello, los laboratorios deberían realizar estudios de seguridad y eficacia a largo plazo no a un año ni a dos, y no parecen estar por la labor.

Peligro de toxicidad

No obstante, una cosa es que el medicamento caducado continúe siendo más o menos eficaz, y otra que pueda volverse tóxico. El ejemplo más conocido es el de la tetraciclina, un antibiótico que, si se consume superada su fecha de vencimiento, puede provocar una enfermedad renal conocida como síndrome de Fanconi. Asimismo, se ha visto que la penicilina caducada puede producir reacciones de hipersensibilidad, y que con la insulina y los antibióticos líquidos se debe ser especialmente rigurosos.

Pero el asunto tiene una segunda lectura. Tal y como indica el profesor Gibert, un artículo como éste no tendría sentido en otros países. ¿Por qué? Porque estamos admitiendo una barbaridad: que tenemos medicamentos caducados en casa y que, además, nos automedicamos. Se tendría que hacer a la americana: una prescripción de tantos comprimidos para tantos días y no tiene que sobrar ni una pastilla.

Y es que esta es una barbaridad cotidiana. Según una encuesta sobre los hábitos de consumo de medicamentos y su uso racional elaborada por Eroski Consumer, al 77% de los encuestados les sobra medicinas una vez terminan el tratamiento prescrito, y uno de cada dos las guarda en casa. Asimismo, el 85% de los pacientes hipertensos no sigue el tratamiento, y el 20% de quienes han sufrido un infarto lo abandona al mes del alta hospitalaria. Solo así se explica que tengamos en casa botiquines tan bien surtidos en los que, lamentablemente, van expirando unos medicamentos que, aun después de que hayan caducado, seguirán entonando sus cantos de sirena para que sigamos tomándolos.

Cómo conservar los medicamentos

Para que un fármaco se mantenga en óptimas condiciones de seguridad y eficacia hasta la fecha de caducidad es preciso que se conserve adecuadamente:

- Debe guardarse en un lugar fresco y seco, con temperatura constante, sin oscilaciones térmicas. Debemos huir de focos de calor, como los radiadores, y de corrientes de aire.

- No es conveniente situarlos próximos a televisores u otros electrodomésticos, para evitar los campos electromagnéticos.

- Lo ideal es mantenerlos en su envase original, en lugar de sacarlos para meterlos en botecitos. Pensemos que, si vienen envasados al vacío en un blíster, es para que se conserven bien.

- Si se usa un pastillero para transportarlos, que sea para pocos días. Una cosa es hacer el pastillero del día y otra el pastillero del año.

- Los medicamentos que se alteran por la acción del calor llevan marcado en el envase el símbolo Q y en su prospecto se indica si se deben conservar en nevera, en el congelador...

- Dentro de la nevera se guardan algunos antibióticos y colirios, así como las vacunas e insulinas.

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