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AUGE DE ARMAS Y ANÉCDOTA

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Miguel Ángel Guerrero | 05/07/2017 | 09:45

La desafortunada estadística que dio a conocer el comisionado nacional de seguridad, Renato Sales Heredia respecto del incremento de los homicidios dolosos en el país al igual que en San Luis Potosí y que de cada 10 que se cometen en territorio potosino 4 son con el uso de armas de fuego ilustra a la perfección el deficiente trabajo que realizan las dependencias federales encargadas de combatir y controlar la portación de tales instrumentos mortales como podrían ser la PGR así como las fuerzas armadas.

Aunque regularmente el Ejército emprende campañas de canje voluntario de armas por dinero, evidentemente, no es suficiente para disminuir su portación y tenencia pues los homicidios de ese orden tienden a elevarse.

Asimismo, ocasionalmente lo patrullajes de los agentes de seguridad pública estatal con un poco de suerte detienen a sospechosos portando armas las que les son decomisadas, pero, obviamente no van a dejar de lado su actividad vigilante para dedicarse a la caza de  gente que despierte sospechas de ser portadoras de pistola u otros artefactos de fuego.

Por otra parte esta, lamentable realidad también habla del floreciente comercio ilegal de pistolas rifles y demás que informalmente se venden sin ninguna condición ni obligación de tramitar un permiso para portarla o poseerla.

Para colmo, gente informada del tráfico de armas en esta ciudad, sabe de puntos precisos donde vendedores de éstas tienen sus centros de venta en los que algunos grupos de escoltas de seguridad adquieren sus instrumentos de “trabajo” aunque todo se maneja bajo un fuerte hermetismo por aquello de las represalias por afectar el negocio en caso de cometer  indiscreciones sobre su existencia y ubicación.

Por consiguiente la situación reclama una mayor atención por parte de las autoridades federales en el combate a la proliferación de armas de fuego para lo que tendrán que ingeniárselas toda vez que no es remoto que una campaña con ese fin provoque un alebresta miento de las ONGs para salir a reclamar violaciones a los derechos humanos por los eventuales decomisos, acción que en el pasado se calificaba como de “despistolización” que consistía en la integración de pequeños grupos de agentes policiacos que recorrían el estado revisando al azar a personas para verificar si portaban o no armas.

Precisamente allá por la década de los ochentas cuando el recordado J Carmen García Vázquez era diputado local panista, en sesión que se realizaba en la antigua sede del congreso ante el repunte de los crímenes tomó la palabra para hacer un enérgico exhorto a las autoridades para que llevaran a cabo una profunda campaña despistolizadora para tratar de contener el problema.

Sin embargo, cuando estaba en la parte más encendida de su discurso para sorpresa de los diputados y reporteros que estábamos presentes, en un movimiento una pistola de calibre pequeño se le salió por la parte de una pierna lo que luego del estupor natural de todos y la sorpresa que a él mismo le causó estalló una carcajada generalizada aunque al terminar la sesión el entrañable J Carmen justificó que el arma estaba averiada, como lo demostró al exhibirla a los medios y que un compadre se la había entregado para llevarla a reparar con un conocido de él en una de las anécdotas más recordadas de ese gran personaje las que el compañero Filiberto Juárez ha recopilado en un libro de reciente edición de recomendable lectura.

 

 

 

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